Mis abuelos Marita y Eugenio con mis bisabuelos María y Manuel y la familia Martínez Quesada

Eugenealogía

La palabra eugenealogía es un anagrama de mi nombre y mi afición favorita. Además por la raíz eu- (del griego bien) podría ser algo como la buena genealogía. Yo creo que existe una eugenealogía que trata de conocer a los que nos precedieron, saber de donde venimos, y no se queda en la acción de recoger datos como nombres, apellidos y fechas.

La genealogía puede ser descrita de muchas formas. Para mi es la forma de desarrollar mi apetito de buscador.

Hoy empiezo a escribir en este blog con la ilusión de que se convierta en un lugar de encuentro para otros buscadores como yo, interesados en nombres y apellidos, fechas y libros viejos.

Granada Noviembre 2011
Mostrando entradas con la etiqueta memoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta memoria. Mostrar todas las entradas

15 de mayo de 2021

Mi legado genealógico

 

Llevo 20 años investigando.

Soy genealogista aficionado y máster en derecho nobiliario y premial, genealogía y heráldica por la facultad de derecho de la UNED en 2005. He participado en foros de genealogía en Yahoo, y posteriormente en Facebook, donde he aprendido mucho.

He escrito tres libros de genealogía:

Árbol genealógico de la familia COLL DEL REY (autoedición. Eugenio Coll Granada 2000)

El origen del apellido Coll en Beniel (Ecotonner impresores, Orihuela 2014)

Bisabuelos de mis bisabuelos (Ed. Nazarí, Granada 2018)

De los cuales están publicados los dos últimos.

Soy considerado el genealogista de la familia. Aunque no he sido el unico. Martín Mancebo Segarra, tío de mi madre ya hizo una gran investigación sobre sus antepasados Mancebo y del Rey.

Edito este blog llamado Eugenealogía, donde hago públicas mis averiguaciones y conocimientos genealógicos.

Mientras tanto he vivido y he intentado dejar huella. Según lo que he aprendido de mis padres, pero también de mis antepasados. He intentado ser una buena persona, disfrutar de la vida y no hacer mal a nadie conscientemente, como norma principal.






















Hay muchos genealogistas aficionados a los que puedo ayudar. También hay bastantes que saben mucho más que yo y de los que sigo aprendiendo. Tras publicar mis estudios genealógicos, me siento más tranquilo en cuanto a la tarea de comunicar lo aprendido y de preservar todo lo que he averiguado. Ahora sigo haciendo genealogía, pero con otro ritmo. Es para mi propio deleite, y para ayudar a quien pueda.




Mis tres hijos han crecido viendo mi afición. Y son conscientes de la importancia y transcendencia que tiene también  para ellos, el conocimiento de la historia familiar. Sin embargo, no creo que continúen con mi búsqueda, cuando yo no esté. Quizás alguno de sus descendientes o los hijos o nietos de mis hermanos o primos... Tengo tantos de unos y de otros, que la continuidad está prácticamente asegurada. Así que yo continuo, con mi afición, pero con el único objetivo de disfrutar de ella.

He preservado mi investigación en mis libros publicados y en formato digital, en dos programas genealógicos; Personal Ancestral File (PAF 4.0) y Genealogical Documentation System (GDS).


Tengo almacenados en formato PDF y en el disco duro de mi PC todos los documentos que he obtenido de mis antepasado, ordenados, por su número de Sosa Stradonitz.

 

















De toda esta información he guardado una copia en un disco duro externo de 10 TB. Por último, conservo en formato papel, un archivador con cajones donde guardo fotocopias y originales de todos los documentos que he encontrado sobre mi familia.

Este texto sobre mi investigación genealógica, y mi archivo, lo escribo en el mes de mayo de 2021.  Tengo 57 años de edad y buena salud.

Y todo este material constituye mi legado genealógico.

10 de noviembre de 2020

Mamá cuéntame...

Mamá cuéntame cómo era tu abuelo Manuel. Así ha comenzado más de una conversación, de las muchas que he tenido con mi madre sobre sus recuerdos. A menudo es difícil seguirle el hilo. Y yo creo que a veces me cuenta las cosas de diferente manera, pero es y ha sido mi mayor fuente de información sobre mi historia familiar. 

Como muchas otras veces, esta vez hablamos por teléfono. Qué remedio, vivimos muy lejos y apenas no vemos dos o tres veces al año.
Y ella me cuenta que tiene pocos recuerdos de su abuelo Manuel. “Murió en Torrellano, durante la Guerra y creo que era muy mayor, como de noventa años”. 
No mamá, mi bisabuelo murió en 1937 luego tenía 71 años. Le digo desde mi posición de cronista familiar, con todos los datos delante.

 "Pues estaba muy envejecido. Vivían en Elche, pero en aquellos días había mucho peligro en la ciudad para la gente de clase alta. Manuel Martínez era médico. Tenían miedo y estaba ya enfermo del riñón cuando se fueron a vivir a su casa de Torrellano". 

Es normal que apenas lo recuerde. Mi mamá tenía 5 años cuando él murió. Aun así recuerda que era un hombre más bien serio. Sin embargo se acuerda muy bien de su otro abuelo, Eugenio. Que era muy alegre y bondadoso. La llevaba al cine, en Valencia. Por otro lado, de su abuela Mariana no puede decir lo mismo. Era muy recta y recuerda como le hacía comerse los pimientos, que no le gustaban. De la que más me ha hablado mi madre es de su abuela María. "Muy culta. Muy habilidosa con la pintura y las manualidades. Muy atenta con sus nietos. Siempre tenía un libro, que se estaba leyendo, en la mesita de noche". Mi mamá la cuidó cuando se rompió la cadera y no se podía mover de la cama. Tenía la pierna colgada de unos saquitos de arena, hasta que le soldara el hueso. Mi mamá, cuando hablaba de cómo murió su abuelo Manuel, no ha podido dejar de recordar que su propia madre Marita, padeció también de Nefritis. Y cuando falleció, fue a causa de una inyección que le pusieron como tratamiento de una Endocarditis a la vez que tenía eccemas en los pies… Sigo diciendo lo que siempre digo. Esta es la forma de recuperar y reconstruir nuestra Historia Familiar con Mayúsculas. A base de las pequeñas historias particulares que recogemos de nuestros mayores. Así se hace genealogía.

1 de noviembre de 2016

El día de los muertos




En España, como en muchos otros países, se venera y se honra a los difuntos. 
En efecto, el Día de Todos los Santos es una fecha señalada para acordarse de nuestros muertos. O al menos para hacer acto de presencia en los cementerios y, de paso, arreglar un poco las tumbas.









 


Llevamos flores, limpiamos las lápidas...
A mi padre lo recuerdo casi todos los días. Y aunque a veces no lo nombre, después me doy cuenta de que en esos días también lo eché mucho de menos. Y supongo que esto mismo le ocurre a la mayoría de la gente.
Pero al igual que hay un día de la Tierra, o de la Mujer trabajadora, celebramos del mismo modo este Día de Todos los Santos.
Esto mismo con algunas diferencias ocurre en otros lugares del mundo. Como la celebración del día de los Muertos en Méjico o la celebración de Halloween, la fiesta anglosajona que tan popular se ha vuelto desde hace pocos años también en España.

Yo no voy a ir al cementerio a llevar flores a la lápida de mi padre, porque no estoy en Elche, y agradezco a mi hermana Pepa que lo ha hecho por todos. Sin embargo, desde aquí quiero dar un homenaje a mis muertos, a los que recuerdo, si no todos los días, si muy a menudo. Y siempre, siempre echo de menos.

Me acuerdo mucho de mis tíos José María Verdú Verdú, Eugenio del Rey Martínez, Javiera Peral Maciá, Antonio Coll Belmonte, Ginés Coll Belmonte, Isabel Coll Belmonte, Manolo Coll Juárez, Josefa Coll Juárez, Alfredo Martí Vallés, Josefa Valverde Belmonte y Juan Valverde Belmonte. Mi abuelita Josefa Belmonte Forca y mi abuelito José Coll Abellán. Y también de mi tía abuela Concha Belmonte Forca. 
De mi amiga Teresa Gómez
Y, todos los días me acuerdo de mi casi hermana Elena Fernández Madero.